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martes, 11 de febrero de 2014

Una historia con ayuda de Borges.

Un día muy normal. demasiado. Me desperté, me duché, desayuné y cogí el bus hacia el instituto. Y ahora aquí estoy, sentada en un banco en el patio de mi colegio, con mi desayuno, mis amigos y todo es totalmente normal. Me estoy aburriendo mucho, así que decido ir a hablar con una chica nueva. Ha llegado hoy des de Australia según dicen. Me acerco y me siento a su lado.
-Hola, me llamo Naia. Entiendes el español?
Me mira con una cara rara. Como preguntandose si soy estúpida.
-Sí, te entiendo perfectamente. Mi madre era española así que sé hablar igual de bien que tú el castellano.
Me quedo estupefacta. Qué mal genio que tiene esta chica. Estoy a un segundo de levantarme e irme cuando me dice:
-Me llamo Irene. Me he mudado de Australia hace una semana.
Me vuelvo a sentar a su lado y me quedo mirándola. Antes, al ir hacia allí no me fijé mucho en su aspecto, pero ahora me detengo a mirarla bien. Una chica muy normal, la verdad. Tejanos, sudadera ancha verde a conjunto con sus Converse altas del mismo color, pelo castaño claro, ligeramente ondulado y con gafas de sol cuadradas negras. Nos quedamos calladas hasta que ella rompe el silencio:
-Me gustan tus ojos -me dice-. Son de color rojo? O más bien rosa?
-Escarlata -contesté-. La gente me dice que me pongo lentillas, o que modificaron mis ojos genéticamente o cosas así de raras. 
-Y es algo de eso? Porqué los tienes así?
Sí que le intersan mis ojos. 
-No lo sé. Nací así, y los tengo así desde siempre.
-Interesante. Me podrías acompañar a la clase de matemáticas? No sé donde está.
Lo pienso un momento, y decido acompañarla.
Vamos caminando por el pasillo, tranquilamente, en silencio, como los demás. Llegamos a la clase de matemáticas y me dice:
-¡Ay! Qué despistada soy, por Dios -Abre su mochila y saca su agenda-. Hoy es 16 de abril de 1999. Es el cumpleaños de mi hermana.
-Tienes una hermana? -le pregunto-.
-Sí, tengo una hermana mayor y un hermano pequeño. Tengo que ir a mi taquilla a buscar dinero, para comprarle un regalo. Me acompañas?
Estoy en medio de los pasillos y no tengo nada que hacer. Así que acepto. 
Nos dirigimos hacia las taquillas, cuando ella abre la puerta del almacén del conserge y me mete dentro de un golpe. Yo me levanto del suelo despacio, a causa de que la caída me ha dejado un poco mal. Ella está mirando por el pequeño cristal de la puerta y entonces se gira hacia mí.
-Siento el golpe, pero debía hacerlo rápido, antes de que nadie nos viera -se quita las gafas de sol-. Yo también soy como tú.
Tiene los ojos de color naranja, con un toque de amarillo. El color como el de las puestas de sol. Me quedo tan sorprendida que no puedo articular palabra. Pero ella no tiene problema en hacerlo.
-Sé lo que estaras pensando -me dice-. Debes estar flipando. Seguramente tu tía y tus hermanos te habrán hecho creer que tu familia era la única. Pues no es así.
-Como sabes que vivo con mi tía? Y mis hermanos?
-Allí lo sabemos todo de los nuestros que viven aquí.
-Allí, dónde? No entiendo nada...
-Allí, en Strauss. No te han explicado nada de Strauss tampoco?
-Nada de nada. Pensaba que lo de los colores de los ojos era cosa de nuestra família y ya.
-Pues no. A ver, por dónde empiezo?
-Por el principio, eso está claro. A no serque prefieras por el final...
-El principio está bien -coge aire, para empezar a explicar, y suelta la bomba-. Hay mucha gente, bastante de hecho, que son de Strauss. Los de Strauss nos llamamos Natos. Somos los encargados de controlar el mundo, por así decirlo. El color de nuestros ojos nos indica qué es lo que tenemos que controlar. Yo, el color amanecer, le llamamos. Nos encargamos de controlar  el sol y la luz. Allí en Strauss es donde se controla todo. Hace millones de años que existimos. Y ahora me han mandado aquí para venirte a buscar. Debo llevarte a Strauss. Hay cierta gente, entre ellos tu familia, que quieren verte, y designar qué controlaras tú. Porque, el 12 de enero cumpliste 15 años, verdad?
-Sí, así es -respondo con voz temblorosa-.
-Perfecto! -contesta ella entusiasmada-. Cuando la mujer cumpla 15 años, 3 meses y 4 días, será bienvenida al Control. 
-Funciona así con todos los...Natos? 15 años, 3 meses y 4 días?
-Solo con las mujeres. Los hombres deben esperar más. Has oído hablar de la Madre Naturaleza? Madre, no padre. Así que está todo dicho.
Me coge del brazo y saca algo de su bolsillo. Una brújula, con una cadena larga, como para colgársela. Se posiciona hacia el sud-oeste, cierra la brújula, y nos rodea a las dos con la cadena. Luego gira una espécie de engranaje del lado derecho de la brújula.  El suelo empieza a temblar, pestañeo, y al abrir los ojos estoy en otro lugar.
Mi tía y mis hermanos mayores estan allí. Me dan la bienvenida y me lo vuelven a explicar todo. Mi tía, tiene los ojos de color azul océano, así que controla mareas y el mar profundo. Mi hermano Jason tiene los ojos de color verde oscuro, se encarga de controlar el crecimiento de las plantas, sobretodo en la selva. Y mi hermana Rose, melliza de Jason, controla las flores, con un color rojo pasión en sus ojos. 
Me conducen a una habitación, con una silla en el centro, una especie de trono. De colores y un poco ortero, la verdad. Las paredes son blancas y el techo altísimo. No hay ventanas.
-Debes sentarte allí -me dice Rose-. Y allí decidiran tu Control.
Me dirijo a la silla, y ellos cirran la puerta y se van. Me siento, y las paredes se vuelven escarlata, como mis ojos. Y cae una caja de madera delante de la silla. Me levanto y la abro. No hay nada. De repente entran mis hermanos, mi tía e Irene. 
-¿Y bien? ¿Qué hay en la caja? -me pregunta mi tía-. 
-No hay nada -contesto yo-.
Se quedan asombrados, mirándome concara de terror, asustados.
-¿Pero, cómo? La caja decide el destino del control -dice mi tía con voz temblorosa-.
-Habrá que llevarla con la Madre Suprema -propone Irene-.
Empezamos a caminar y recorremos pasillos, habitaciones y salones. Hasta que llegamos a una puerta enorme dorada. Hay dos guardias a cada lado. Irene les enseña el antebrazo izquierdo, con una marca, y nos deja pasar. Allí hablamos con una mujer, con los ojos amarillos. Ella es la Madre Suprema. Es vieja. Resulta que hoy, 16 de abril de 1999, espera a su substituta. Y resulta que esa soy yo. Me coronan Madre Suprema. Y así empiezo mi nueva vida como la que controla a los que controlan. Soy la decimoséptima Madre Suprema.





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