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miércoles, 5 de febrero de 2014

Llega febrero, llegan las cartas de amor.

Un día soleado, de verano. Uno cualquiera para mí. Uno que podía haber pasado y ser como los demás. Pero como siempre dicen, cuando menos te lo esperas, ocurre.
Me obligaron a hacer algo que no quería, y perdí. Y allí estaba yo, con los perdedores y tú, dos personas más allá. Quizá, porqué eras la persona que menos me esperaba, o porque no te esperaba, te vi.
Coincidimos, en muchas cosas. En algunos gustos, en alguna experiencia similar, en cosas. Yo ese día estaba loca, mucho, demasiado. Porque estaba feliz. No sé si era el sol, el calor del verano, porqué sí o por ti.
Hablamos, y desde aquel día, lo que quedaba de verano fue estupendo. De hecho, no recuerdo nada de antes de conocerte. Cada mañana me fijaba en ti, y siempre te pillaba mirándome, fijamente o de reojo, pero me mirabas. Yo te miraba también y algo llamado sonrisas iluminaban nuestros rostros.
Charlar al borde de la piscina, tirarnos y ahogarnos el uno al otro. Sentarse en la mesa de ping-pong a decir estupideces. Hacernos promesas, que nunca cumplimos.
Fue mi mejor verano, sin duda.
Después de él, vino la distancia. La maldita distancia. Hablábamos horas eternas por chat. Larguísimas, pero parecían cortas.
Luego dejamos de hablar. Y otra vez, cuando menos me lo esperaba, cuando ya empezaba a olvidarme de ti, allí apareciste. En el momento menos apropiado, en medio de mi partido, te vi aparecer en la gradería y una sonrisa fue inevitable. Pero por suerte o por desgracia solo fue eso.
Volvieron las charlas infinitas. En las que nos contábamos absolutamente todo, hasta las estupideces más estúpidas. Volvieron los días de felicidad y locura. Cada día era más imposible no seguir enamorándome de ti.
Hasta que, como siempre, cuando menos te lo esperas, pasa todo. De repente, me dejaste de hablar, no querías decirme porqué y lo negabas. Yo no podía más, y te lo dije. Todo. Lo que sentía y lo que me hacías sentir. Y allí acabó todo.
No más conversaciones. No más promesas. No más nada.
Es San Valentín, y se hacen cartas de amor. Y yo, a quién iba a hacérsela?
Y, como una estúpida con la que hacías estupideces, aquí estoy. Recordando todo. Los buenos y malos momentos, que acabaron sin ser buenos y siendo malos. Aquí escribiendote esta carta, para decirte que te amé, pero ya no te amo.

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